La magia del mundo subterráneo

*La Gruta de Don Teodoro, conocida como “El Encanto”, es una catedral esculpida por el tiempo sumergida en los bosques de Amatlán de los Reyes; una cueva milenaria que sorprende

Miguel Ángel Contreras Mauss

Córdoba, Ver.- Al cruzar la entrada, la oscuridad envuelve y la temperatura desciende levemente como si la cueva acogiera en su abrazo ancestral. Con linternas en mano, se desentrañan los misterios ocultos entre sus muros de piedra.

La inmensidad del lugar es sobrecogedora. Una majestuosa cámara de más de 100 metros de largo y una altura imponente se despliega ante nuestros ojos, como una catedral esculpida por el tiempo.

En lo profundo de la sierra, entre los senderos de Cañada Blanca y Amatlán de los Reyes, se esconde un tesoro natural que pocos han tenido el privilegio de explorar: la Gruta de Don Teodoro, también conocida como “El Encanto”.

Ubicada a apenas 40 minutos de Córdoba, por las comunidades de Potrero Nuevo y Paraje, la cueva milenaria resguarda en su interior un mundo subterráneo donde la magia y la geología se entrelazan en una danza de luz y sombra.

El trayecto hasta la gruta es una travesía que despierta los sentidos. Rodeados por una vegetación exuberante y el murmullo de la naturaleza, cada paso nos acerca a un espectáculo inimaginable.

Desde lo alto, caídas de agua de más de 15 metros dibujan caminos cristalinos en las paredes de roca, alimentando la humedad y creando un ambiente de misticismo y asombro. Las formaciones rocosas, modeladas por miles de años de filtraciones minerales, adoptan formas caprichosas.

Algunas evocan animales prehistóricos; otras, rostros que parecen observar desde la penumbra, mientras que ciertas figuras desafían cualquier explicación lógica, como si seres desconocidos hubieran dejado su rastro en la piedra. Estalactitas y estalagmitas se alzan como columnas vivientes, testigos de una historia geológica que trasciende la comprensión humana.

Para los amantes de la exploración y el ecoturismo, la Gruta de Don Teodoro es un destino imperdible. Su acceso, aunque desafiante, es parte de la aventura y la recompensa es invaluable: un espectáculo natural que pocos han presenciado, donde la historia de la Tierra y el misterio del universo se encuentran en un solo lugar.

Adentrarse en esta cueva es sumergirse en lo desconocido, un viaje a través del tiempo y la imaginación, en el corazón de Amatlán.

 

 

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